jueves, junio 12, 2008

v & v

.-


vas y vienes

como el volar de las hojas en otoño
como la nubes cargadas de agua
como los fines de semana
vas y vienes, pero nunca te quedas.



-.

martes, junio 03, 2008

el reflejo



no era
(y nunca fui).

-Cuando tenia 17, solía escribir poemas.

-¿Y de qué se trataban, señor?

-Se trataban de todo: desde la rutina hasta el amor.

-¿Es cierto que usted fue un músico famoso?

-No sé si famoso, pero querido, muy querido.

-Ah... ¿y qué se siente?

-Qué no se siente, querido amigo, jaja.

-¿Qué sentia, por ejemplo, al subirse a un escenario y escuchar tantos aplausos?

-Muchos nervios. Y no eran tantos por la cantidad de personas; eran hartos porque aplaudian mucho.

-¿Y cómo hacia para superar los nervios?

-No miraba a la gente, sólo tocaba mientras mis piernas de lana tiritaban.

-¿Y se le pasaba en algun momento?, porque no creo que lo que usted me describe sea tan agradable.

-Sí, claro que se me pasaba... llegaba un momento después de la primera canción, en que miraba temeroso al público y cuando veía sus caras, todo se transformaba. Creo que en ese momento volvía a respirar; sentía que había aguantado la respiración en toda la primera canción. Era como salir del agua por una (urgente) bocanada de aire.

-Me imagino, señor. Buenos tiempos, ¿no?

-Oh sí, los mejores.

-Y ¿cómo todo eso se terminó? ¿cómo terminó en este lugar?

-Mi buen amigo...

-¿Cómo llegó a ocurrir el accidente?, si según lo que yo sé, usted era una persona normal, y feliz.

lunes, junio 02, 2008

de la misma



no quería ser
(ni voy a querer).


-Es que las cosas han cambiado, querido amigo.

-Pero claro que han cambiado, si ni su familia lo reconoce.

-¡Bah!, ellos nunca me conocieron bien como para poder reconocerme.

-Yo creo que lo conocen bien.

-Si me conocieran bien no estaría aquí.

-¿Y dónde estaría, señor?

-Estaría en mi escritorio haciendo cualquier cosa más útil que estar hablando contigo.

-Entiendo... ¿y por qué no reconoce lo del accidente, y así se larga de una vez?

-¿Reconocer qué? si ya les conté toda la verdad, no hay nada que reconocer.

-Disculpeme señor, pero su versión es pura ciencia ficción, por lo tanto, poco creíble.

-¿Ciencia ficción? arg... me importa un bledo lo que les hayan enseñado a ustedes, para mi, la vida que ustedes llaman "real", es igual que lo que ustedes llaman "ciencia ficción", qué ridículo, no hay diferencias.

-¿Cómo no van a haber diferencias? ¿O acaso usted ha visto naves que viajen a la velocidad de la luz, visitando otros planetas y cosas así?

-Pero claro que si, varias veces.

-Jajaja, bueno, con lo del accidente no me parece raro.

-Querido amigo, necesito que me hagas un favor. ¿me ayudarías?

-Mientras no se trate de platillos voladores, creo que puedo.

-No nada de eso, no esta vez. Necesito que compres flores.

-¿Flores? ¿y para qué quiere flores?

-Es que... no me creerías.

-Ahhh, ¿es por el matrimonio de su hija, verdad? Usted sabe bien que no debería hacer eso.

-No, no es eso, es algo con lo que no puedo seguir, así, sin hacer nada. Algo que me ha mantenido vivo muchas veces a lo largo de la vida, algo que no puedo dejar de lado. Como una especie de droga, o algo así. Querido amigo, entiendo lo de mi hija, tal como entiendo que nadie me crea, que nadie me reconosca, que nadie confíe a ciegas en mi.

domingo, junio 01, 2008

Imágen



no soy
(ni seré).

-¿Entonces, de qué me está hablando, señor?, ¿acaso se trata de los fuegos otra vez?, o, ¿tal vez de aquella interminable sensación de amargura que tanto le agrada?

-Nada de eso, mi buen amigo. Se trata de estar (y ser) tan interminable como esa sensación que (used dice) tanto me agrada.

-Ah, claro. Ahora me viene con ese cuento del infinito, que ya es más viejo que sus ganas de irse de aquí. ¿O me equivoco, señor?

-Se equivoca, mi buen amigo. Esta vez, se trata de ella.

-¡¿De ella?! ¡Ahora si que usted se ha vuelto loco! ¡¿Acaso no aprendió de la última vez!?

-De que aprendí, aprendí. Que me guste lo que aprendí, es otra cosa. Que me guste cometer errores (no forzados), es otra cosa. De que nadie entienda de qué se trata, es otra cosa.

-¿Cómo?, ¿errores no forzados? Perdóneme, señor, pero ese término sólo lo he escuchado en el Tennis. Y si es otro de sus chistes extraños, prefiero verlo reir antes de caer en confusión.

-¿Y entiendes a qué se refiere?

-Sí.

-Entonces, ¿por qué no me entiendes?

-Argh, señor...

-No nos desviemos de tu pregunta. A menos que quieras hablar de música.

-Claro, claro. ¿entonces usted a vuelto a intentarlo, ¿no es así?

-Así es mi buen amigo. Otra vez.

-Y ¿cómo se ha sentido?

-Mal (bien).

-Me imagino, usted es sensible a estas cosas.

-Más que sensible, apasionado, y un poco descuidado.

-Claro, ya veo entonces porque comete errores no forzados.

-¿Ves? entiendes a la perfección.

-Jajaja. ¿Entonces, la va a incluir en su película?

-Pero claro, si por eso lo hago. Sino, no habría ese "bien" entre paréntesis.

-Y, ¿cuando estará lista?

-En verdad, no lo sé mi buen amigo, no lo sé.

-Pero ¿por qué no sabe?, ¿no sabe como terminarla?, ¿no sabe si quiere terminarla?, ¿o simplemente no depende de usted?

-No sé cómo terminarla, no sé si terminarla y depende de mi, pero también de otras personas.

-Creí que trabajaba solo en esto.

-Claro que trabajo solo.

-¿Entonces?

-Que mi trabajo dependa de otras personas no significa que ellas hagan el trabajo por mi. De mi y de mi propia película.

-Señor, con todo respeto, pero lo noto más confundido después del accidente.

-Estoy menos confundido que nunca, creo yo.

-Es que, puede ser que la confusión sea tal, que crea que no lo está en absoluto.

-No hay nada absoluto, mi querido amigo. Ni siquiera lo que acabo de decir.

-Yo creo que hay una realidad absoluta, que no podemos apreciar tal cual es, que nosotros somos los que la percibimos de distintas maneras.

-No lo creo. Porque si hubiese una realidad absoluta, esta, no se podría cambiar. Y eso sería lo más desalentador, conformista, absurdo y ridículo.

-Me sorprende a veces, señor. Si no estuviese en este manicomio, yo lo hubiese traido hace rato.